CEREBRO, PROCESOS SUBJETIVOS Y PROTECCIÓN DE DATOS

Los avances en Inteligencia Artificial emulan, en parte, los procesos subjetivos y estructura nerviosa humana. Pero la tecnología avanza, empujada por las demandas de las ciencias médicas, logrando generar la interfaz cerebro - sistema electrónico hasta ahora solo imaginada por la literatura y el cine de ficción. Se desprenden importantes repercusiones éticas y jurídicas, analizables desde el Reglamento General de Protección de Datos - RGPD.

El proyecto de crear una interfaz humano - electrónica existe desde hace muchas décadas, tratándose de una temática de especulación teórica e investigación que atrae a científicos de los campos más disímiles. Comencemos por recordar que el encéfalo humano es la mayor interconexión que se conoce, su complejidad no está todavía totalmente desvelada.

A pesar de todo, las ciencias han avanzado espectacularmente en la generación de modelos, en algunos casos gracias a la Inteligencia Artificial. Por supuesto, también debemos nombrar un hecho relevante: las mismas soluciones en Inteligencia Artificial no están basadas en otra cosa que en la emulación o modelización de la estructura nerviosa y la psique humana.

En términos neurocientíficos tendríamos múltiples argumentos para explorar hasta qué punto nuestro sistema nervioso es voluble, moldeable e incluso manipulable. El papel que en tales cosas juega la tecnología es motivo de amplias disertaciones que se extienden a lo filosófico y psicológico. Pero, al hilo de lo anterior, también es un área de interés para los expertos y profesionales en privacidad y protección de datos, la clamada neutralidad tecnológica que exige el Reglamento General de Protección de Datos se hace cada vez más necesaria a medida que la tecnología se vuelve más invasiva con relación al ser humano.

Aclaremos que la imagen de un cerebro totalmente conectado a la red todavía tiene parte de sus argumentos en la teoría más estricta, estando en el imaginario popular profundamente influenciada por la literatura y el cine. Sin embargo, lo que sí existen son profundas investigaciones médicas donde pacientes con distintas distrofias o parcialmente inmovilizados debido a enfermedades degenerativas (aunque con toda la extensión de sus procesos cognoscitivos) han sido conectados a sistemas electrónicos que lograron una continuidad en sus procesos de socialización.

Lo que describimos es una interfaz electrónica que permite seguir interactuando con el entorno. Ahora bien, la interconexión electrónica a una parte de los procesos subjetivos humanos es prácticamente un efecto inevitable de estos avances médicos. Claro, es ya conocida la influencia de los universos digitales en la construcción de la subjetividad al interior de nuestras sociedades. Pero, aunque profundos, hablamos de influenciadores todavía mediados por la realidad socio-cultural.

Esa mediación, una auténtica frontera, comienza a convertirse en algo difuso cuando profundizamos en la idea de una interfaz cerebro - sistema electrónico. Por ejemplo, ¿nos hemos preguntado la cascada de efectos que tendrá el completo desarrollo de una tecnología que puede crear un modelo de actuación en base a la interpretación (con base estadística) de las intenciones del sujeto, previamente extraídas del análisis “directo” de sus procesos subjetivos?

Como ya conocemos, la fundamentación de estos avances está planteada en grandes paradigmas tecnológicos como Inteligencia Artificial, Machine Learning, Data Science, etc. La máquina que puede ser entrenada, que luego aprende por sí misma y que hasta puede lograr procedimientos sobre cómo aprender mejor es una realidad en el mundo de las ciencias de los datos.

Para las problemáticas que interesan a los expertos y especialistas en privacidad y protección de datos hay conceptos e implicaciones nuevas. ¿Podemos ya hablar de datos cerebrales y sus estrategias de protección?

¿PROTECCIÓN DE DATOS CEREBRALES?

Para la investigadora Yasna Vanessa Bastidas, en su conferencia “Interfaz cerebro-computador y protección de datos cerebrales”, organizada por la Agencia Española de Protección de Datos - AEPD estamos ante dos dimensiones claras de la cuestión.

En primer lugar, los datos obtenidos de estas investigaciones son necesarios para el avance de las ciencias médicas (lo que vemos asociado a una necesidad social real). Y, en segundo lugar, tenemos unas insospechadas derivaciones legales y éticas. Por supuesto, todavía no parece totalmente claro que el acceso “directo” a datos desprendidos de los procesos subjetivos sea actualmente posible. Pero esto no evita que, en el terreno de la protección de datos, de la interpretación del RGPD y demás normativas, etc., no arriben definiciones nuevas y algo perturbadoras como “datos mentales”, “datos extraídos del cerebro” y otras.

Es decir, resulta meridianamente claro que, por ejemplo, una acción basada en la ejecución de una algoritmo de Inteligencia Artificial todavía consiste en una emulación no demasiado perfecta de la psique humana. En otras palabras, los datos que sustentan el análisis que llevó a la acción de la red neuronal artificial tienen su origen en humanos que actúan con una realidad llena de filtros y matices sociales, emocionales etc.

Pero, ¿y si el algoritmo extrae su decisión de datos “no filtrados” extraídos “directamente” de los procesos mentales? Hablaríamos de un escenario totalmente distinto. Las derivaciones pueden escribir una página nueva en la Historia de nuestra civilización o pueden causarnos los mayores quebraderos de cabeza.

Si nos referimos a las orientaciones y la instrucción que plantea el Reglamento General de Protección de Datos - RGPD tendríamos varias preguntas y puntualizaciones para un primer análisis. Si estamos de acuerdo en que la definición “datos cerebrales” tienen un contexto y plantea ya unas demandas jurídicas claras, se presenta la necesidad de parcelar la naturaleza de esos datos.

En sentido de lo anterior, el Artículo 4.1 define la información que pertenece a lo entendido como “datos personales”. Dado que algo llamado “dato cerebral” (por ejemplo, aquellos que codifican imágenes y sonidos) podría permitir la identificación del sujeto.

En conclusión, los avances de las ciencias médicas, en su afán de remediar grandes dramas humanos, también tiene una relación directa con los especialistas en protección de datos; que recordemos es una de las grandes ventanas profesionales del momento.


 

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