5G y Privacidad - AEPD

Entre los debates tecnológicos más fuertes de la actualidad tenemos todo lo relativo al 5G, siendo una cuestión que genera gran preocupación entre distintos colectivos sociales (ambientalistas incluidos).  La Agencia Española de Protección de Datos está entre los organismos que ha entrado a investigar las implicaciones de la quinta generación de telefonía móvil, por sus riesgos para la privacidad.

El estudio de los riesgos a la privacidad derivados de la implementación del 5G, como no podía ser de otra forma, es objeto de interés de la autoridad española competente en materia de protección de datos. Es claro que los riesgos se presentan como un aumento de los tradicionalmente observados en los dispositivos móviles, por ejemplo, la conocida geolocalización y, con mayor énfasis, la recolección y análisis de datos para el trazado de perfiles de usuario.

El reciente documento de la AEPD es una primera aproximación  que apunta a un conjunto de recomendaciones, en la esfera de fabricantes, desarrolladores y usuarios. Como conocemos, el 5G abre múltiples líneas de negocio en base a lo que denominamos como “conectividad total”: la mayor velocidad de conexión reducirá el tiempo de respuesta desde la Web, lo que se relaciona con el número de dispositivos conectados (un crecimiento exponencial). El 5G modeliza una de las mayores sospechas de la dialéctica: todo está conectado con todo.

Entre las repercusiones estructurales tenemos que, finalmente, se hará realidad el “Internet de las cosas”; permitiendo que electrodomésticos o aparatos de uso cotidiano (la lavadora, el reproductor de música, el automóvil, etc.) estén en red y compartan datos entre sí. Y más allá, veremos una coordinación y mando electrónico en red al interior de complejos agrícolas e industriales, intervenciones quirúrgicas a distancia y una reinvención de la formación Online.

Por supuesto, desde antes de la propia implementación de la tecnología 4G, que permitió cosas impensables muy pocos años antes, como el vídeo en directo o la realidad aumentada (que, literalmente, ha provocado un neo-encogimiento del mundo, al permitirnos ir casi a cualquier parte), los expertos empezaron a pensar en formas de utilizar el análisis de datos de forma mucho más rápida con el fin de maximizar el problema de la respuesta en tiempo real.

Es decir, hacer que el “tiempo real” fuera una verdad constatable en la red iba a permitir que artilugios mecánicos básicos de nuestro modo de vida, como los aviones o los automóviles, minimizaran sus tiempos de respuesta con objeto de mejorar el rendimiento y la seguridad. Tales cosas tienen por piedra angular la misma que ya tuvieran la 1G, 2G, 3G, etc.: la velocidad. La 5G permitirá navegar a 10 GBps (gigabytes por segundo). Algunos expertos entienden que esa velocidad va a reducir la respuesta de la red a 5 milisegundos, quedando por debajo del umbral que resultaría perceptible o apreciable por los sentidos humanos.

En otras palabras, tendremos la impresión de que todo aquello que ocurre en la red, como resultado de dispositivos comunicándose entre sí, está pasando en tiempo real. Para conseguir estas velocidades de comunicación de datos el 5G se apoya en nuevos conceptos como el “Edge computing” que plantean a las autoridades de control de protección de datos nuevos escenarios con relación a los roles tradicionales de encargado y responsable del tratamiento.

LA PRIVACIDAD

No puede extrañarnos que una tecnología de este tipo desencadene toda clase de perspicacias e incertidumbres en la sociedad que será blanco de la misma. El deber de los Estados no es otro que atender, investigar y responder a las preocupaciones de sus ciudadanos. Es lo que viene aconteciendo con el 5G y se vincula con la iniciativa de la Agencia Española de Protección de Datos, relacionada con la privacidad.

Lo anterior no quiere decir que el mercado no siga su curso. El 5G es ya una realidad en pleno avance. En la nota oficial de la AEPD se reconoce las ventajas que traerá esta tecnología, pero también se advierte sobre los riesgos a la privacidad. En tal sentido, se trazan ciertas recomendaciones para que el 5G no suponga un problema para los derechos y libertades de las personas. Y, al hilo de lo anterior, se introduce una reflexión sobre la necesidad de adaptar normativas.
Algunos de los riesgos para la privacidad de esta nueva tecnología, muchos de los cuales son preexistentes, viéndose incrementados, son:

  • Una mayor precisión de los datos sobre geolocalización.
  • La mayor profundidad de los datos del usuario facilitarán las decisiones automatizadas.
  • Crecerán el número de agentes implicados o con acceso al tratamiento de los datos. Relacionado con lo anterior, el interés comercial se verá más diversificado.
  • No existe un único modelo en lo que respecta a la seguridad.
  • La hiper-conectividad puede crear más brechas de seguridad. Etc.

Un elemento interesante, nombrado en el documento, es el planteamiento de un debate sobre las normativas y estándares enfocados al tratamiento y conservación de los datos, por parte de los operadores. En el tema de la localización, por ejemplo, la necesidad será notoria, dado que el 4G generaba datos de georeferencia con márgenes de 50 metros, aproximadamente; pero el 5G representará la posición de nuestro dispositivo en un modelo de tres dimensiones con márgenes de un metro o menos.

Es importante nombrar que el 5G, como la mayoría de grandes cambios tecnológicos, también vendrá a generar demandas y ventanas profesionales; muchas de ellas en el ámbito de la protección de datos.

La autoridad competente en materia de protección de datos en España, la AEPD, en cooperación con la UNED, está ya embarcada en la organización de la convocatoria 2021 del Curso Modular (Experto, Especialista y Máster) en el Reglamento General de Protección de Datos.

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Email de información: jglez@cee.uned.es - rhc@agpd.es

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