PROFESIONALES EN PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES

Conviene recordar, en estos momentos donde la protección de datos se profesionaliza, algunas definiciones básicas. La protección de datos se ha convertido en un campo profesional en crecimiento no solo por el avance de las normativas europeas, también por la evolución tecnológica enfocada al manejo de la información. Los expertos y profesionales en protección de datos se han convertido en agentes que suman valor a productos y servicios, convirtiéndose en cuadros productivos estratégicos absolutamente necesarios para cualquier empresa que pretenda traducir su información en una ventaja competitiva.

La importancia en el manejo de la información es una realidad conocida desde antes de la aparición de las ciencias sociales. En efecto, la Modernidad hereda una serie de intuiciones históricas sobre la relación existente entre conocimiento, información aplicada y ejercicio del poder.

Esta contemporánea preocupación por la forma en qué se utiliza la información que un Estado o una compañía reúne sobre usuarios y ciudadanos deriva, en realidad, de un fenómeno ya antiguo (la utilización de la información) pero que ahora experimenta una aceleración derivada de dos importantes factores: la profundización de lo que consideramos derechos fundamentales y el imparable avance tecnológico (por supuesto, agigantado por cuestiones como la transformación digital y los modelos productivos basados en datos) que en palabras de Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, vino a definir como “La cuarta revolución industrial”.

Que la información sea crucial en el proceso de toma de decisiones tampoco es una formulación estrictamente nueva o reciente. Todo lo contrario, la capacidad para reunir referencias, antecedentes, apuntes, noticias, etc. parece haber resultado fundamental en toda construcción social desde que tenemos registros históricos. Pero ahora ocurre que la formulación “información es poder” se encuentra con el imperio de la ley, el estado de derecho y esta especie de realidad superestructural digital dónde estamos cada vez más inmersos.

Efectivamente, grandes ámbitos del saber como las ciencias de los datos han redefinido la noción que anteriormente teníamos acerca de algunos derechos fundamentales, como el de la privacidad. Obtener y procesar datos nunca había otorgado tanto poder como ahora, dado que soluciones creadas en horizontes como la inteligencia artificial permiten obtener una información sobre todos nosotros extremadamente fiable, detallada e inmediata.

EL PROFESIONAL EN PROTECCIÓN DE DATOS PERSONALES

Los reales argumentos que sustentan o justifican la existencia de profesionales en protección de datos pasan, por ejemplo, por un hecho innegable: en la actualidad es imposible desenvolverse en todos los aspectos que comprenden la cotidianidad sin generar una huella digital, es decir, la existencia en estos tiempos marcados por la incertidumbre del bien entrado siglo 21 implican la incesante generación de datos que en sí mismos codifican nuestros rasgos como sujetos y la forma como nos apropiamos de la realidad (para utilizar una definición clara extraída de las ciencias sociales).

El rastreo y procesamiento de los datos que vamos dejando en la red sobre los medios de comunicación dónde nos informamos, los destinos que buscamos para las vacaciones, el tipo de seguro que consultamos para nuestro automóvil, la geolocalización o los títulos de libros que reunimos para leer en nuestros momentos de esparcimiento pueden reproducir, a partir de metodologías en Big Data y Data Science, un perfil muy detallado sobre nosotros y nosotras (por ejemplo, gracias al hallazgo de patrones relacionados con comportamientos, consumos, etc.). Hablamos de conciliar las grandes ventajas, tanto para empresas como consumidores, de estrategias como la personalización de bienes y servicios (gracias al análisis inteligente) con las buenas prácticas en protección de datos.

Huella digital + capacidad de cómputo + nuevos talentos y técnicas en el análisis de datos. La suma anterior recrea la posición tan relevante que hoy ocupan los expertos y especialistas en protección de datos al interior de cualquier estructura productiva o administrativa.

El aspecto central es que el análisis de grandes volúmenes de datos avanza a una velocidad significativamente mayor que el ritmo al que somos capaces de implantar culturas organizacionales y pedagogías entre los ciudadanos acerca de la necesidad de proteger sus datos personales.

En sentido de lo anterior, cabe destacar el gran esfuerzo formativo desarrollado por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia - UNED, en torno al Programa Modular en el Reglamento General de Protección de Datos, qué con varias ediciones exitosas se ha mostrado como el esfuerzo formativo más avanzado en la materia de toda habla hispana.

Los riesgos relacionados con la seguridad de la información, y que convierten en necesario al profesional en protección de datos personales, tienen que ver con la utilización indebida de dicha información. Imaginemos escenarios que violentan derechos fundamentales cómo impedir la utilización de servicios bancarios o aseguradores debido a un acceso ilegal al historial médico de un usuario. O que seamos objeto de una investigación, por parte de alguna autoridad, derivada de un acceso también ilegal a nuestro historial de viajes en algún portal turístico.

La normativa europea en protección de datos personales (el RGPD) desgrana una instrucción que nos protegería de prácticas como las anteriores. Sin embargo, para tal fin hace falta la actuación del profesional en protección de datos. No por el riesgo que entrañe para ciudadanos y usuarios una actuación premeditada de administraciones y compañías, sino por la necesidad de culturas organizacionales donde la protección es un valor, impidiendo la exposición de nuestra información a terceros o que ésta sea objeto de tratamientos automatizados para los que no hemos dado nuestro consentimiento.

En conclusión, navegamos en una etapa productiva dónde actividades económicas y derechos fundamentales se engranan gracias a una normativa que convierte nuestra tecnológica vida cotidiana en una vivencia más segura. Y se trata de una transformación donde los profesionales en protección de datos personales ocupan la primera línea, en la medida que la tecnología ya no se basa en una sencilla interconexión de diferentes sistemas sino, como el propio Klaus Shwalb dijo, en la fusión e interacción de diferentes dominios (físicos, digitales y biológicos).


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