INNOVACIÓN Y PROTECCIÓN DE DATOS

Protección de datos, investigación e innovación son temáticas que despiertan importantes controversias. El debate sobre derechos fundamentales, interés público y los rasgos propios de una economía basada en la explotación de los datos sigue vivo. Estamos ante dicotomías que requieren armonizar normativas, demandas sociales y modelos productivos digitales. Los entes de control, como la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) tienen un papel fundamental en la profesionalización del ámbito de la privacidad y la protección de datos.

La emergencia sanitaria en la que todavía estamos inmersos ha evidenciado varias necesidades. Por ejemplo, deja clara la importancia de sumar esfuerzos para apoyar proyectos de investigación y el desarrollo de herramientas destinadas a la prevención e incluso la construcción de modelos predictivos.
Ahora bien, en todos los casos se trata de iniciativas que comprometen serios recursos en innovación. Algunas de esas innovaciones (tenemos un ejemplo claro en las aplicaciones de rastreo) tienen una relación clara con privacidad y protección de datos.

Claro, pocos discuten la utilidad de las Apps de rastreo. Pero preocupan los filtros, las finalidades últimas de los datos personales recogidos, etc. Al mismo tiempo, sabemos bien que la utilización comercial de los datos es una tendencia incontenible en nuestra época.

El hecho de que la investigación y la innovación, en múltiples ámbitos, planteen una continua explotación de datos personales está generando debates importantes sobre la frontera o los límites del interés público y del empresarial. Uno de los ejes de estas controversias gira sobre dos fenómenos: los datos y la riqueza que potencialmente pueden producir y la poca pedagogía e información general que existe entre los ciudadanos acerca del valor de la protección de datos y la privacidad.

En un momento donde se extienden tantas redes profesionales y empresariales que convierten a los datos personales en valor, es urgente instalar el cuestionamiento en la sociedad. Vivimos un momento donde la protección de los derechos fundamentales pasa por extender herramientas que protejan el continuo flujo de información que generan todas las actividades cotidianas. Lo anterior sin olvidar las posturas que entienden a los datos como parte de la noción de “bien común”.

En sentido de lo anterior, por ejemplo, cuando hablamos de salud pública, con frecuencia nos remitimos a la imagen de proporcionalidad, interés general, derechos, etc. Naturalmente, son ideas con escenarios de choque respecto a las iniciativas que pasan por una explotación profunda y extensiva de nuestra información.

Lo que vemos es un ciudadano entre los mayúsculos poderes concentrados en las grandes tecnológicas y la actuación del Estado en cabeza de las autoridades de control, entre otras instancias. ¿Qué defensas tenemos frente a organizaciones que acumulan tantos datos sobre nosotros, hasta el punto de colocarles en una posición de influencia de procesos subjetivos y consumos impensable hasta hace algunos años?

La anterior pregunta fundamenta, precisamente, uno de los objetivos de las agencias de protección de datos en nuestro entorno y en América Latina: avanzar en la máxima profesionalización del sector y formar-informar al gran público. En otras palabras, esta época de “analítica masiva” exige que los modelos de Administración evolucionen.

En sentido de lo anterior, tenemos la construcción de modelos jurídicos que intentan responder a la nueva situación (cuyo principal atributo es el cambio). En Europa tenemos el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que representa el modelo a seguir para nuestros socios estratégicos. Pero también hace falta por parte de las autoridades una monitorización de las demandas ciudadanas, en este caso respecto a la protección de datos personales, con el fin de armonizar la evolución de las propias normativas.

Estos debates nos están llevando a la idea de responsabilidad y ética en la investigación y la innovación. Así como a la pregunta sobre cómo la explotación o utilización de nuestros datos personales tendrá un retorno en forma de aporte al bien común. Lo anterior es un tema vigente, por ejemplo, en la salud pública y el desarrollo de herramientas digitales en tiempos de pandemia.

La demanda de ciudadanos y organizaciones en torno a la privacidad y protección de datos tiene su punto de mayor avance en la Unión Europea donde las estructuras de administración están hace tiempo en proceso de transformación para fortalecer sistemas económicos basados en la recolección intensiva y análisis inteligente de los datos. En efecto, el espacio de la Europa unida tiene ya criterios unificados sobre qué datos personales deben ser objeto de especial protección por su implicación para el ejercicio de los derechos y las libertades.

La razón por la que regresamos una y otra vez a estas cuestiones es clara: el mundo que surgió de la pandemia tiene una preocupación creciente por fenómenos globales que obliguen temporalmente a recortar o suspender derechos; no solo en las propias decisiones que busquen la protección colectiva, además en la utilización de proyectos de innovación digital encuadrados en el propio fenómeno.

Estas temáticas resultan de especial interés para el tipo de expertos y especialistas en protección de datos que organismos como la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) pretenden formar.


 

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Email de información: jglez@cee.uned.es - rhc@agpd.es

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