UNA NUEVA CULTURA DE PROTECCIÓN DE DATOS

Los datos se han convertido en símbolo de todos los cambios llegados con las industrias digitales, un tipo de mercancía regeneradora de valor. Las políticas de protección sobre los datos personales confirman nuevas preocupaciones ciudadanas en todo a la privacidad y la capacidad de la información para generar poder y riqueza. En las nuevas culturas de protección de datos, la Unión Europea conserva un liderazgo que sirve de pauta a nuestros socios estratégicos, como América Latina.

Algunos teóricos de las ciencias sociales plantean cierta relación entre desarrollo tecnológico, la búsqueda de la “verdad” y los deseos de trascendencia tan típicos de nuestra especie. De estos tres rasgos de la personalidad colectiva humana, es el factor tecnológico el que conserva la habilidad para superar o desbordar todas las expectativas.

Hay más de 4 mil millones de usuarios conectados a Internet. Más de 2400 millones están en redes sociales. En los universos digitales efectivamente se recrea un momento relativamente nuevo del mercado, donde los datos personales aparecen como un tipo de mercancía regeneradora de valor. Pero este fenómeno del capitalismo financiero y tecnológico no hace su aparición exento de grandes debates. Por ejemplo, hay una línea que muchos no tienen demasiado clara donde la privacidad se comporta unas veces como derecho y como servicio en otras.

Solo desde muy recientemente la opinión pública comienza a preguntarse por el verdadero poder que puede otorgar una gran acumulación de datos personales. El papel por los datos (su análisis y utilización) en eventos como los últimos procesos de elección presidencial en los Estados Unidos o la salida del Reino Unido de la Unión Europea ilustran la importancia de formar profesionales en la materia, así como de llevar estos debates a lo profundo del tejido social. Un tejido social donde, recordemos, vemos uno de los problemas importantes al que nos enfrentamos con la acelerada digitalización de los procesos de consumo y socialización; y es que lo concreto, lo que ocurre en la textura última de la realidad, parece desdibujarse.

PROTECCIÓN DE DATOS

Es importante anotar lo siguiente: cada tramo de despreocupación que ciudadanos, organizaciones y empresas tienen respecto a la utilización de los datos, es un tramo de poder que delegamos a otros para decidir aquello que nos aparece como información sugerente en los nichos digitales donde nos desenvolvemos. Por lo tanto, una preocupación y pedagogía sobre privacidad y protección de datos se transforma en distintas dosis de soberanía para interpretar los acontecimientos (lo que involucra al consumo de bienes y servicios) en una dirección o en otra, difuminando en mayor o menor grado la autodeterminación de la persona.

También puede resultar interesante decir que estos procesos se viven de forma algo distinta en Europa y en los Estados Unidos, entre otros. En el gigante norteamericano, al parecer, las grandes cadenas tienen un poder de seducción sobre el ciudadano totalmente comparable a una estrategia dirigida en redes sociales y salida de un análisis inteligente y a gran escala de los datos e informaciones de la vida privada de las personas. No cabe duda de que la forma como se gobierna la economía estadounidense, en base a un mercado que incluso desregula el flujo de datos (en comparación con la UE y el RGPD), favorece y estimula el poder de los medios y las grandes tecnológicas (que claramente se extiende a Europa).

No olvidemos que algunos de esos gigantes tecnológicos, como Google, en base a la auténtica información de “Nivel 1” que les proporcionan los datos en su poder han logrado incursionar en otros negocios como el transporte, automóviles, sanidad, etc. Es decir, los más importantes proyectos tecnológicos de la actualidad, los paradigmas tecnológicos más relevantes (Inteligencia Artificial, Deep Learning, Data Science y otros) obtienen su viabilidad de los datos que millones de ciudadanos del mundo entero aportamos.

Parece más o menos claro que la tecnología y nuestros datos pueden ser utilizados de muchas formas y en diversas direcciones. Aunque sea cierto que el capitalismo financiero faculta la existencia del capitalismo tecnológico, el avance de esa misma tecnología permite niveles de empoderamiento y ejercicio de los derechos impensables hasta ahora. Algunos discursos desde la academia han llegado a plantear la necesidad de construir modelos distintos para la gestionar y concebir la propiedad de los datos.

Las más importantes estructuras tecnológicas se alimentan y necesitan de nuestro incesante flujo de información. Y, de hecho, tienen un sorprendentemente fácil acceso a ellos. Pero es también cierto que las cosas no son iguales en todas partes. A diferencia de otros lugares del mundo, en la Europa unida existe un extraordinario instrumento en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), del que se ha derivado (luego de algunos años de aplicación) una nueva cultura de protección de datos que poco a poco impregna la impresión de ciudadanos y estructuras productivas.

En conclusión, sí, tenemos diversos posicionamientos académicos y sociales que reclaman no una cultura de protección de datos, sino un completo cambio de modelo que afecte al propio libre mercado. Hablamos de un sector propio de las luchas sociales actuales, pero lo cierto es que ha sido la Unión Europea quien, con el RGPD, ha dado a luz la normativa más avanzada del mundo para la protección de la privacidad y los datos personales, sin perderse en debates, a pesar de todo, todavía inmaduros sobre transformaciones del modelo.

En sentido de lo anterior, esta nueva cultura de la protección de datos europea se convierte en el modelo a seguir para muchos socios estratégicos de la Unión Europea, con énfasis en América Latina, que tanto la UNED como la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) consideran una región con relación de privilegio gracias a los vínculos culturales y económicos; prueba de este énfasis es la existencia de la Red Iberoamericana de Protección de datos (LINK EXTERNO), que se constituye en la puesta en práctica del espíritu de colaboración en materia de protección de datos en América Latina.


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