SMART CITY, PRIVACIDAD Y PROTECCIÓN DE DATOS

La promesa de una ciudad inteligente, la Smart City, ya hace parte del relato acerca de la sociedad contemporánea, motivado por la imagen de una urbe organizada donde el tráfico está controlado, la utilización de energía optimizada y el reciclaje ha logrado disminuir nuestra presión ecológica. Lo anterior, incluso, es completado con la teoría sobre análisis de datos que ayudan en la lucha contra el crimen organizado o el mal comportamiento en el espacio público. Claro, esta imagen sobre la próxima ciudad inteligente siembra parte del debate entre privacidad, protección de datos y utilización de la información para intentar cumplir las utopías urbanas del sistema industrial, en parte asumidas por la era digital. Smart City, privacidad y protección de datos.

Partamos de lo siguiente: la existencia de la Smart City posiblemente pase por cierta redefinición de lo que es la vigilancia y la privacidad. Por ejemplo, para lograr una arquitectura donde el alumbrado público se comporta de forma inteligente, es necesario sembrar las vías de sensores que transmiten información a centros de datos, donde algoritmos de Inteligencia Artificial racionalizan el uso de energía eléctrica. En algún momento esos datos se cruzarán con los enviados desde los sensores de los propios automóviles, que buscarán incrementar la seguridad y mejorar el consumo de combustibles.

Las acciones anteriores son, naturalmente, mucho más complejas de lo que parece; entre otras cuestiones porque podrían utilizarse para trazar un mapa detallado de los movimientos de las personas (algo que, recordemos, ya hace la red de telefonía móvil) incluso de sus hábitos y comportamientos.

Pero mejorar el tráfico, la emisión de gases y la seguridad implica que las grandes compañías de comercio electrónico incrementen su inversión en “logística inteligente”, donde soluciones robóticas realizan los repartos de los que depende gran parte de la vida cotidiana. La eficiencia de esos procesos involucra una profunda recolección de datos por parte de las compañías que puede afectar a los propios trabajadores con los que mantiene una relación contractual incluso a los clientes y al conjunto del entorno personal de ambos, en el que se incluyen familiares, amigos, etc.

En esencia, todos los aspectos que componen la actividad productiva, los consumos básicos y culturales actuales, etc. son susceptibles de digitalizarse, de hecho, prácticamente todo lo que ya hacemos se traduce en datos. Este flujo de información, sumado a la generada por la red de sensores que caracterizaría a una Smart City, vendría a ser la materia prima cuyo análisis permitiría una administración inteligente.

Es decir, la ciudad inteligente implica que exista una profunda interconexión. Pero aclaremos que la extraordinaria cantidad de datos resultante casi con seguridad excederá la capacidad técnica de las propias Administraciones, lo que conduce a la participación de los data center.

Los data center, a su vez, son infraestructuras cuyas compañías propietarias comercian con servicios para computación en la nube. En otras palabras, la existencia de la Smart City demanda la actuación de centros de datos donde puedan delegarse las pesadas tareas de procesado necesarias. En la actualidad solo estas infraestructuras, mayormente desarrolladas por gigantes como Amazon Web Service, Microsoft Azure o Google Cloud Platform, podrían garantizar la rapidez, seguridad y escala que haría falta para la integral administración inteligente de una gran ciudad.

SMART CITY Y PRIVACIDAD

SMART CITY Y PRIVACIDAD

Ahora bien, el centro del debate está en el acceso y privacidad de los datos que todos y cada uno de nosotros tendría que ceder para hacer realidad esta especie de “superestructura digital”. Parte del problema que todo esto encierra está en el enfoque de los expertos en la materia, para Jonas Bohm, del Instituto de Gestión Tecnológica de la Universidad de St. Gallen, la viabilidad de una Smart City pasa porque los ciudadanos no ejerzan oposición a la recolección y el análisis de datos, es decir, pasa por garantizar la confianza de los ciudadanos en el tratamiento de sus datos personales, confianza que, entre otros parámetros, debe apoyarse en los principios de transparencia e información que establecen las normativas de protección de datos.

Esta discusión ya se vio, con distinta intensidad, en plena pandemia, cuando varios expertos sugerían que en Europa existía cierta “obsesión” en torno a la privacidad que podría obstaculizar la acción de las App de rastreo. La cultura de la privacidad que hay en Europa, donde existe un instrumento de consenso como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que retorna a los ciudadanos el control de su información, no se opone a avances necesarios como la Smart City, pero sí impone garantías a los arquitectos de la misma.

Ya existen casos en el mundo, por ejemplo, en algunas ciudades chinas, donde un algoritmo de Inteligencia Artificial puede determinar dónde y en qué momento existirá más demanda de un determinado servicio. En la ciudad china de Shenzhen hay un sistema que da instrucciones a los taxistas sobre las zonas a donde deben dirigirse en cada momento, una cámara monitoriza todas las conversaciones, las interacciones, los gestos, el tipo de pasajeros, etc.

En teoría, se busca mejorar la seguridad y calidad del servicio prestado. Y las grabaciones son borradas cada 72 horas, sin embargo, durante ese tiempo la policía puede tener acceso total a las imágenes. No hay forma de que la libertad no se vea algo limitada bajo este sistema de Inteligencia Artificial y de toma de decisiones automáticas. En esta misma ciudad de Shenzhen se ha puesto en marcha a comienzos del 2021, por parte de la startup AutoX, un sistema de taxis autónomos, sin conductor.

La persecución de la eficiencia, la sostenibilidad, etc. no es algo conectado con la renuncia a nuestros derechos sobre los datos. En realidad, no estamos ante una especie de dicotomía entre privacidad y bienestar. Se trata más bien de avanzar en los esquemas donde las Administraciones públicas necesitan de los data center y las grandes compañías, pero donde éstas tienen límites y barreras al tratamiento de los datos.

Sin duda, lo anterior pasa por profundizar, precisamente, en las soluciones de Inteligencia Artificial que pueden alertar sobre una utilización inapropiada o ilícita de la información. Otra vía es ampliar la noción de datos anónimos y de utilidad pública, donde la utilización no tiene el lucro como su principal interés. Por otra parte, es también claro que el éxito de la Smart City se relaciona con la actuación de los entes de control o reguladores de la explotación de los datos (extendiendo su actuación al trabajo educativo hacia la sociedad, para enseñar una utilización responsable de nuestra información).

En conclusión, puede ser importante señalar que el sector en crecimiento de la protección de datos, no tiene que ver solo con la aplicación de normativas. El experto o especialistas en protección de datos también tiene un lugar necesario en los equipos de investigación que en este momento planean la Smart City, la ciudad inteligente del futuro.


Experto, Especialista y Máster en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), impartido por la UNED y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Matrícula abierta para la Convocatoria 2022

Máster en Protección de Datos - UNED y AEPD

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