Protección de datos en época de vigilancia digital

El ciudadano de nuestro momento histórico, aquel que ha modificado en profundidad sus procesos de socialización y consumos culturales debido a la transformación digital, tiene ya algunos rasgos algo comunes. Por ejemplo, es extrañamente inconsciente (de hecho, esta es la palabra que mejor lo define) de la cantidad de información que generan todas sus actividades cotidianas. Es necesario un debate más profundo sobre protección de datos en época de vigilancia digital.

Por supuesto, en tanto inconsciente del volumen creciente de la información que produce, tampoco conoce ni es partícipe del valor o riqueza que tal información simboliza. Existe otro rasgo un poco pintoresco y cada vez más extendido, muy relacionado con un imaginario popular tremendamente influido por la literatura, las series de TV y el cine sobre espías y grandes conspiraciones tejidas desde el poder: el consumidor actual tiene cierta imagen sobre la “vigilancia masiva” (inteligente, electrónica, invisible) de la que parece ser objeto, a la vez que hace parte de esa suerte de tendencia tecno-posmoderna donde todo es mostrado, exhibido y desnudado.

Es decir, tenemos alguna intuición difusa sobre lo fácil que resultaría vigilarnos o espiarnos, sin embargo, nos encanta publicar en redes sociales lo que comemos y compramos, los lugares por donde pasamos, dar a conocer que estamos en el aeropuerto a punto de subir a un avión, publicamos fotos de los libros que leemos y las reuniones familiares o con amigos de los domingos.

En otras palabras, este imaginario popular articulado por la producción cultural, sobre un Gran Hermano digital que nos vigila, unas veces la NSA estadounidense, otras las agencias chinas, etc. no parece entrar en conflicto con este inoculado amor posmoderno por la desnudez y la falta de celo hacia nuestra privacidad. La idea de protección de datos dista mucho de ser un concepto claro.

En efecto, cuando debatimos sobre privacidad, protección de datos y vigilancia desde grandes intereses no hace falta incluir en la ecuación a las grandes organizaciones o agencias de inteligencia. Las actuales conductas digitales hacen que investigar sobre la vida de cada uno sea algo accesible para mucha gente y empresas.

VIGILANCIA: NECESIDAD DE UNA EDUCACIÓN EN PROTECCIÓN DE DATOS

Vigilancia: Necesidad de una educación en protección de datos

Si mañana un ciudadano decidiera ejercer sus derechos y lograra que las compañías de telecomunicaciones le enviaran todos los datos que almacenan sobre él, casi con seguridad éste se vería literalmente sepultado entre miles de registros. Otra “apuesta” que podríamos hacer es esta: un análisis de los datos enfocado mostraría un modelo temporal preocupantemente detallado de la existencia de este ciudadano (llamadas, trayectos, tráfico de datos, tipos de consultas, mensajería, medios de transporte, consumos, etc.).

Como sabemos, los dispositivos móviles disponibles en el mercado están permanentemente intercambiando datos con las antenas próximas; como nos mantienen continuamente conectados a través de múltiples aplicaciones, crean un registro detallado de lo que hacemos. Es como si tuviéramos atada una baliza que todo el tiempo envía señales de vida esperando que alguien responda.

Entre los debates que estas cuestiones despiertan en organizaciones, mundo académico y autoridades tenemos si los sistemas digitales que nos convierten en sujetos permanentemente conectados y mega-generadores de datos guardan un peligro para la privacidad y los derechos, en parte, por su claro paralelismo con los recursos que ponían en marcha Estados que apoyaban su existencia en la vigilancia y el espionaje.

En sentido de lo anterior, es necesario reflexionar sobre lo delicada que resulta toda la información que posee el mercado para el ejercicio de nuestros derechos y libertades. Y la importancia capital de las legislaciones y regulaciones al respecto. Basta con recordar que, efectivamente, un Gobierno sin las garantías legales suficientes puede identificar, a partir de los datos de dispositivos móviles y algoritmos que analicen datos de movilidad, quiénes participan en movilizaciones o reuniones.

Uno de los puntos centrales de este debate es que la palabra “vigilancia” aparece con demasiada frecuencia en lo relativo al tráfico y almacenamiento de datos, al menos, en la industria de las telecomunicaciones. En la Unión Europea, parece meridianamente claro que los ciudadanos estamos protegidos ante excesos de compañías y administraciones gracias a la existencia del Reglamento General de Protección de Datos – RGPD.

Claro, esto no significa que la vigencia en un territorio de una normativa protectora y avanzada resuelva todos los problemas sobre protección de datos. Hay, al menos, dos aspectos conexos de enorme importancia. Por una parte, las compañías que fabrican componentes, que crean los sistemas operativos y aplicaciones no actúan en un escenario internacional totalmente homogéneo respecto a la protección de datos.

Por otra parte, está todo el esfuerzo pedagógico enfocado a los ciudadanos acerca de las implicaciones de nuestra conducta digital, una tarea que recae en los organismos de control (la Agencia Española de Protección de Datos – AEPD, en este caso). Dicho trabajo pedagógico tiene frentes muy amplios, por ejemplo, el conocimiento de las derivaciones y comercio digital que se desencadena cuando una aplicación recibe permisos para acceder a bloques de información, algo espectacularmente típico en accesos a herramientas para crear contenido digital y cuyo registro se realiza mediante cuentas de Google o redes sociales.

En conclusión, cuando hablamos de profesionales y expertos en protección de datos no estamos refiriéndonos únicamente a cuadros productivos de interés para empresas y organizaciones, también lo hacemos de necesidades en torno a conocimientos de la sociedad sobre sus derechos, riesgos a su privacidad y la relación que tiene todo esto con la solidez de la democracia.


Experto, Especialista y Máster en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), impartido por la UNED y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Matrícula abierta para la Convocatoria 2022

Máster en Protección de Datos - UNED y AEPD

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