Reglamento Europeo de Protección de Datos

Como todos y todas recordamos, el 25 de mayo entró en vigor el nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos. Desde ese momento una parte importante de la Web prácticamente resultó sumada deep web. Hablamos de los portales de algunas grandes empresas, cuyas direcciones decidieron no ajustarse a la normativa europea.

Algunas fuentes, como NiemanLab, afirman que más de 1000 sitios Web de distinta relevancia han pasado a la oscuridad para los usuarios europeos (entre ellas medios importantes como el Chicago Tribune o Los Angeles Times). El problema: no adaptarse a lo impartido por el RGPD.

En los tiempos de los digital, los datos y la información que se estructura a partir de éstos se convierten en el centro del capital de empresas y organizaciones (esos datos crean conocimiento). En el momento que la sociedad en su conjunto va tomando consciencia de esto, todo lo relativo a los derechos individuales sobre los datos de carácter personal se convierte en algo tremendamente importante y controlado.

Protección de las personas y seguridad jurídica en empresas actúan como dos de los ejes del RGPD. Pero esta filosofía de trabajo está todavía en proceso de asimilación por parte de compañías del mundo entero, muchas de éstas tienen seguidores, lectores o clientes reales o potenciales en Europa.

En resumen, cualquier colectividad con presencia digital o estructura productiva que pretenda conservar sus intereses en el “ciberespacio europeo” tiene que entrar en ese territorio común en el que se ha convertido el modelo europeo de Protección de Datos, donde se ha devuelto soberanía y poder de decisión a usuarios y autoridades.

Sin embargo, también sabemos que algunas diferencias culturales hacen retroceder a empresas, estadounidenses, por ejemplo, cuando se encuentran con estructuras jurídicas de protección y posibilidades de multas por incumplimiento. La idea de que la Ley está para proteger al ciudadano, sus derechos y propiedades, y que lo hacen bajo una visión de sociedad, país o comunidad de naciones, está mucho más arraigada en el imaginario europeo que en el americano (refiriéndonos a todo el continente, evidentemente).

Naturalmente, existen otros casos como el periódico New York Times, que se adaptó a la norma europea por depender económicamente de 2.9 millones de suscriptores digitales, muchos de los cuales están en la UE.

Pero en esa misma lógica, un socio plural muy importante de una de las económicas grandes de la UE, España, está dando pasos para asumir modelos próximos o compatibles con el RGPD; este socio plural es América Latina, que se presenta como la nueva gran demandante de expertos y especialistas en el sector. No cabe duda de que las empresas estadounidenses, en su totalidad, terminaran por asumir el costo de adaptación al RGPD, que su audiencia europea no sea muy importante es una cuestión totalmente coyuntural en una economía basada en el flujo de la información.

Algunas de las firmas que, por ahora, no invierten en una política de manejo y protección de datos aceptada en la UE, recurren a terceros para paliar cualquier posible efecto en algunas de sus campañas publicitarias: por ejemplo Facebook o Google, adaptados desde el comienzo al Reglamento.

Con los cambios que se están produciendo en esta materia, podría afirmarse que una legislación común europea, que también responde a una demanda social, vuelve a tomar la delantera como modelo de aplicación de derechos en el mundo. Por encima de paradigmas que nunca se tomaron demasiado en serio la opinión del usuario sobre el destino de sus datos.     

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